
" Siempre tuve fe, pero en cosas equivocadas. Era como aquella persona que necesitaba cruzar a pie un río congelado y tenía muchísima fe en que el suelo soportaría su peso, pero no sabía que el hielo era delgado y frági, así que cuando comenzó a caminar se rompió, cayó al agua y se ahogó. Otra persona, río arriba, también necesitaba cruzar, pero a diferencia de la primera tenía mucho miedo, casi nada de fe, apenas la suficente--como un grano de mostaza-- para caminar titubeando, temerosa, por el piso congelado, pero como apoyaba sus pies sobre hielo duro y grueso logró pasar sin problemas. La fe por sí misma no sirve para nada. Lo importante es EN QUIÉN se deposita la fe. Yo tenía fe en cosas equivocadas: horóscopos, colores, piedras, cristales, amuletos. Por eso tuve vacía interiormente. Hoy el señor es mi fortaleza y todo ha cambiado, creéme."
Carlos Cuautémoc Sánchez, "La fuerza de Sheccid"